A lo largo de la lectura de este libro, y gracias a la gran
variedad de ejemplos que presenta, se nos pueden ir ocurriendo diversas
actividades que, aunque en esta ocasión no están bien desarrolladas, sí se esbozan
brevemente, ya que quizá puedan servir de inspiración para que alguien las
desarrolle en el futuro.
Tierras baldías de Escocia
En este capítulo, entre las páginas 27 y 28, se habla de la
sucesión primaria de los ecosistemas que tiene lugar sobre los escombros de
pizarras bituminosas. Lo que más llama la atención es la mención a la presencia
incluso de semillas de algas, llegadas desde el mar transportadas por el
viento.
A partir de esta idea, no se puede evitar pensar en las
semillas de arce que descienden girando sobre sí mismas, en las del diente de
león que, al soplarlas, son capaces de recorrer grandes distancias, o incluso
en aquellas pequeñas semillas que terminan adheridas a la ropa durante un paseo
invernal por el bosque y te mantienen un buen rato entretenida intentando
desprenderlas.
Todo ello lleva a reflexionar sobre la enorme variedad de
formas y mecanismos que presentan las semillas para adaptarse a las condiciones
del entorno y lograr dispersarse lo más lejos posible, favoreciendo así la
colonización de nuevos espacios.
La actividad que surge a partir de esta reflexión podría
abordarse desde distintas materias, como Biología, Física, Tecnología o
Educación Plástica, trabajando tanto los mecanismos de dispersión de las
semillas como el diseño y análisis de sus estructuras.
Zona de colchón de Chipre
En este punto resulta interesante observar cómo la autora
describe algunas de estas zonas como espacios de gran extensión, llegando
incluso a incluir en la página 48 una imagen de satélite. A partir de ello,
podría plantearse una actividad en la que el alumnado trabajase con
herramientas como Google Maps o Google Earth, localizando y reconociendo dichas
áreas sobre el mapa, analizando sus características e incluso realizando
mediciones de distancias o superficies.